En un hogar en el que hay 7 personas (abuela, padre, madre y 4 niños con edades de 13, 11, 8 y 6 años)
se producía cada día un jaleo inaguantable cuando ya todos estaban en casa. Los niños hablaban en voz
alta todo el rato y a veces hablaban a gritos: durante la merienda, durante el momento de las tareas,
durante los momentos de descanso... a todas horas. Los padres estaban desesperados por la situación y
ni sus gritos, ni sus silencios... Ninguna estrategia que intentaban poner en marcha funcionaba. La
abuela aguantaba como podía y sólo de vez en cuando se quejaba de la situación. Estos padres pidieron
ayuda en una sesión de “Escuela de padres/madres” a cuyo recurso acudían una vez al mes (algunos
padres conocían esta herramienta de la externalización) y decidieron dedicar aquella hora a hablar
sobre el tema con el resto de padres/madres asistentes. Tuvieron una conversación donde
externalizaron el problema: pasaron del problema de “los hijos ruidosos de esta familia” al problema
de “el ruido en la casa de esta familia”.
Una vez comprendida perfectamente la dinámica a seguir tras aquel largo rato en que se hablaron todos
los pormenores de cómo practicar esto en el hogar los padres al volver a casa pusieron en práctica lo
aprendido en la sesión de “escuela de padres”.
Veamos cómo lo hicieron:
1. Se escucha la historia del problema. Los padres plantean el problema que se está produciendo
en casa desde hace tiempito e invitan a que cada cual hable también desde su punto de vista
(abuela y niños). Los padres hicieron preguntas al respecto, se sintieron curiosos sobre la
situación, pusieron en marcha las estrategias de Escucha Activa y Validación de las emociones
que aparecían, incluidas las suyas propias: su tristeza, su impotencia....
2. Se identifica la narración limitante y se le pone un nombre. Se decidió entre todos que a
aquello que pasaba se le llamaría “El ruido” que entraba a la casa por las ventanas e invadía a
todos y a todos, haciéndoles hablar mucho más e impidiéndoles estar bien, hacer bien las
tareas, disfrutar de una película o de la lectura de un libro interesante en los momentos de
descanso y a los padres corregir conductas de una manera tranquila y sin gritar.
3. Se identifica el contexto relacional de la narración limitante. Se preguntó por el efecto de la
invasión de “El ruido” en la casa sobre los niños, sobre los padres y sobre la abuela: “¿Qué les
impide evitar el ruido en casa?, ¿Qué sentimientos les produce cuando se apodera de la casa?,
¿De qué manera se apodera de cada uno de ustedes?, ¿Cómo notan que llega el ruido a la
casa?, ¿Qué les hace hacer?, ¿Cómo afecta a los demás hermanos?, ¿Y a la abuela y padres?
”.
4. Se sigue separando a las personas del problema, creando distancia entre ambos,
conociendo otras facetas de los efectos del problema, conociendo qué significan estos efectos
para la familia: “¿Con qué aliados cuenta el ruido?, ¿Cuánto poder tiene sobre la familia?,
¿Qué significa todo esto para nosotros?, ¿Qué podrán pensar y sentir el resto de nosotros y
también los vecinos de nuestro edificio sobre esta situación?”.
5. Se ayuda al que decida luchar contra el problema. Después de que se ampliara lo dañino
que era el ruido para todos, a través de las preguntas y de las reflexiones de los niños y de la
abuela, se hicieron estas preguntas: “¿Qué queremos hacer con el ruido?, ¿Le declaramos la
guerra al ruido?, ¿Luchamos contra él para que nos deje en paz?”.
6. Se identifica un logro aislado (una excepción). Se realizaron preguntas como “¿En qué
ocasiones han mantenido a 'El ruido' a raya y no lo han dejado entrar en casa?”. Los niños y
la abuela, también los padres, nombraron algunas ocasiones, cuando estaban haciendo una
manualidad o se ponían todos a ordenar la casa, limpiar, cuando estaban realmente
concentrados en hacer cada cual sus tareas del cole o de casa,..., etc.
7. Se explica el logro aislado (o se amplía la excepción). Se hicieron preguntas del tipo
siguiente: “¿Qué estaban haciendo para no dejar entrar a 'El ruido'?, ¿Qué les ayudó a
conseguir esto?, ¿Quién se dio cuenta primero?, ¿Qué dijo mamá o papá en ese momento?,
¿Cómo creen que se sintió?, ¿Cómo transcurrió la convivencia en el hogar después de ese
momento?, ¿Qué creen que significa que pudieran hacer algo tan importante?, ¿Qué creen que
pensarán sus papás y la abuela si supieran que son capaces de poner al ruido en su sitio? ¿Y
sus hermanos?”.
8. Posibilidades sobre los logros. Hacemos preguntas como éstas: “Si han sido capaces de hacer
esto, ¿De qué pueden seguir siendo capaces?, ¿Es esto lo que necesitan que siga pasando para
que el ruido se marche y pueda haber un buen ambiente en nuestra casa?, ¿Qué creen que
podemos seguir haciendo o pensando?, ¿Qué hemos descubierto?, Cuando esto sea lo
habitual, ¿Cómo se sentirán, qué harán y qué pensarán?, ¿Qué dirán los demás y cómo
reaccionarán?, ¿Cuáles son los siguientes pasos que vamos a llevar a cabo?, ¿Qué va a pasar
cuando hayamos domado totalmente el ruido en casa?”.
En este momento pueden plantearse estrategias sobre cómo seguir manteniendo a raya a “El
ruido”. En este caso, los hijos acordaron tener una clave que asustara a “El ruido”: abrirían las
ventanas hasta que el ruido se fuera y entonces harían lo que saben que les hace bien a todos.
En ocasiones, los hijos preguntaban a sus padres si podían dejar entrar a “El ruido” y, si ellos
decían que sí y se cumplían unas condiciones mínimas (en determinado momento, lugar y de
acuerdo con cierto volumen), entonces abrían un poco las ventanas y los niños se daban el
permiso para dejar que “El ruido” aumentara su influencia. Llegaron a decidir “y controlar”,
junto a los padres, cuándo podían alborotar y cuándo no y todo cambió en aquella casa.