La semana pasada, un jueves 8 de marzo de 2018 se celebró en todo el mundo el Día Internacional de la Mujer. Fue un día histórico, y fue histórico porque se celebró en España (y en otros 70 países más) una huelga nueva, una huelga inédita, una huelga de mujeres. No solo fue una huelga laboral, también lo fue de cuidados, de consumo y estudiantil.
Se defendía que las mujeres juegan un papel fundamental en todos estos
ámbitos —especialmente en el de los cuidados— y por tanto, si ellas
"paran, se para el mundo", y ya lo creo que se paró. Fue seguido en todo el país, un día para no olvidar y que empoderó aún más al feminismo en su objetivo de acabar con la discriminación de género.
La Comisión 8M insistió en que esta huelga era diferente, era una huelga laboral consistente en no realizar el trabajo asalariado en empresas, comercios, fábricas o distintos servicios públicos.
También una huelga de consumo, donde llamaron a parar de consumir en los mercados
de barrios y pueblos, ya que el hecho de no consumir
durante un día no supondría un gran cambio, por eso llamaron a realizar
durante todo este mes de marzo un consumo "consciente y sostenible".
Por otro lado una huelga de cuidados, en la que hicieron "patente" que el sistema
económico "colapsaría" sin el trabajo de las mujeres cada día de
cuidados. Tratándose este de un trabajo "invisibilizado" y "desvalorizado", donde millones de mujeres hacen dobles jornadas: una laboral y otra de
cuidados. Por ello pidieron que se organizaran unos servicios mínimos con
las personas del entorno.
En cuanto a la huelga estudiantil, la Comisión 8M llamó a "parar los
colegios, institutos y universidades" para criticar que el sistema
educativo "es el principal espacio de socialización en el que se
reproduce el actual sistema capitalista y patriarcal". Por eso llamaron a
no ir a clase sino a informar y difundir la huelga en los centros y a
organizar acciones en los campus para el 8 de marzo.
En definitiva, fue todo un éxito.

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