El bullying o el acoso es un
fenómeno social complejo por los diferentes comportamientos de los integrantes
del grupo de adolescentes. Se trata de una conducta dañina e intencional, realizada de
forma repetida, sistemática y dirigida hacia una víctima a quien le resulta
difícil defenderse. Los involucrados juegan distintos papeles: el agresor, quien organiza, dirige
o manipula; el cómplice,
quien ayuda y apoya la agresión; los observadores,
que pueden tener un rol pasivo, defender a la víctima o alentar al agresor; y
por supuesto, la víctima.
Para identificar
el bullying, se deben considerar sus indicios y su frecuencia. Los jóvenes
acosados son víctimas de bromas desagradables y de burlas repetidas; están
apartados en el recreo; en los trabajos o juegos de equipo son los últimos en
ser elegidos; se observa un gradual deterioro en su rendimiento
escolar. Al regresar a su casa tienen la ropa desordenada, casi nunca los invitan a fiestas y es probable que no
tengan interés en organizarlas ellos. No duermen tranquilos debido a pesadillas
o insomnio; presentan un aspecto triste, cambios de humor inesperados,
irritabilidad y enojos repentinos. Incluso es común que sientan temor de ir a la escuela por
las mañanas.
El espacio virtual puede
convertirse en un espacio más para la intimidación entre adolescentes: en este caso
hablamos de "ciberbullying".
Se trata también de una conducta dañina pero utilizando dispositivos electrónicos
sobre una víctima que no puede defenderse por sí misma. Esta nueva modalidad de
bullying tiene sus propias características. El anonimato
del agresor –a través del uso de pseudónimos o nombres falsos
para acosar a la víctima– facilita la agresión y la impunidad, haciendo más
indefensa a la víctima.
Además, las agresiones electrónicas suelen difundirse muy rápidamente a un gran número de personas. Este tipo de acoso de carácter más público que las agresiones tradicionales, aumenta el sentimiento de vulnerabilidad de la víctima ya que no se siente segura en ningún momento ni lugar: a cada instante puede recibir mensajes y llamadas no deseadas por el móvil; en todo momento puede ser víctima de agresiones en cualquier sitio de la red virtual.
Además, las agresiones electrónicas suelen difundirse muy rápidamente a un gran número de personas. Este tipo de acoso de carácter más público que las agresiones tradicionales, aumenta el sentimiento de vulnerabilidad de la víctima ya que no se siente segura en ningún momento ni lugar: a cada instante puede recibir mensajes y llamadas no deseadas por el móvil; en todo momento puede ser víctima de agresiones en cualquier sitio de la red virtual.
Personalmente opino que debe estarse muy atento a todos los indicios que puedan darse en la comunidad educativa para detectar cualquier tipo de acoso escolar, también el ejecutado a través de las nuevas tecnologías. La sensibilización y la implicación de todos/as es el método más eficaz para prevenir y/o atajar estas violencias entre jóvenes.

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